FORMA Y ARMONÍA VITAL.

Espacio abierto al juego de relacionar palabras, formas, y colores al ritmo intimo del universo...




27/6/09

PALABRAS, EMOCIÓN Y VALOR

 Las palabras son las herramientas de la comunicación hablada y escrita. Su significado, enlace y ordenación permiten dibujar imágenes y volcar sobre ellas la emoción que anima nuestras relaciones.

 La emoción de las palabras varía según la vivencia de cada uno. Si esta vivencia tiene connotaciones afines al grupo que pertenecemos, suscita la aprobación y el ego queda reforzado. Si la emoción de estas palabras carece de argumento propio y se basa en negar el valor de los demás. Lo que construimos con nuestra emocionada aprobación es el vacio complaciente y efímero de un monologo grupal…
Las vivencias personales son diferentes y tienen valor especial para cada uno de nosotros, porque todos interpretamos la realidad desde el ego emocional de cada uno. Afirmar este valor sin negar el valor del otro, que también es especial, denota que tenemos vida propia; que somos libres, y responsables creativos de nuestras emociones; y que estamos dispuestos a compartirlas. Cuando esto ocurre, empieza el dialogo con los demás; porque respetar, entender y aceptar al otro, valorando los motivos de su emocionada opinión no pone en peligro nuestro ego, sino que actualiza nuestro valor…
Entender la vivencia personal del otro y los otros, implica: estar dispuesto a ampliar nuestra visión y darnos cuenta, de la belleza de las diferentes connotaciones emocionales que llevan las palabras, según quien las pronuncie. Saber conjugar y matizar el significado en cada situación, es un modo de construir calidad de vida dentro y fuera de nosotros.
La emoción que volcamos en las palabras, es parte de la esencia vital de individuos y grupos sociales. El intercambio respetuoso de esta esencia no solo multiplica las posibilidades de esta herramienta que articula nuestro lenguaje sino que genera, valor, belleza y armonía vital a nuestras relaciones.

15/6/09

EDUCACIÓN Y LIBERTAD

 
Hoy todos opinamos sobre educación, y es válido, en la medida en que no es separado de la praxis del ejemplo. La educación como la vida, se renueva en cada instante y se transmite y se recibe vivencialmente en nuestras relaciones dentro y fuera de las aulas. Sin darnos cuenta o conscientes de ello, todos estamos educándonos y educando a los demás con nuestro comportamiento diario. Este proceso (o praxis por el cual una información o lección se convierte en experiencia vital)  nos afecta a todos y todos necesitamos reflexionar, para que las normas y los conceptos abstractos que hoy usamos dentro y fuera de las aulas, sean asimilados significativamente y conecten con la realidad que vivimos.
 
El niño es el espejo mimético de nuestro modo de ser, (el fruto, no es diferente al árbol). También el niño, es portador de lo nuevo. Este es precisamente el terreno de la educación: “Identificarnos con la nueva cosecha y construir con nuestro ejemplo dentro y fuera de las aulas unidades coherentes de funcionamiento vital puede ser una buena praxis.”

Construir unidades coherentes implica: asumir nuestra responsabilidad y tener un referente global claro para no equivocarnos en el ejercicio de la libertad...

Entiendo por libertad, la capacidad humana para hacer aquello que se quiere; querer eso que se hace, y responsabilizarte de ello. Decir y hacer aquello que me dé la gana y escurrir el bulto, responsabilizando a los demás, de mis propios actos, es otra cosa. La libertad tiene un precio: es la responsabilidad de los propios actos.

Ser libres implica: aceptar la igualdad entre tú y yo; y ambos reconocernos partes de un referente mayor del cual somos también en parte responsables y esta responsabilidad es la que nos da cierta autoridad para opinar libremente.

La autoridad no es algo que se otorgue o se pueda imponer por la fuerza; la autoridad es algo que construimos cada día haciendo un poco mejor eso que sabemos hacer, y ello implica: afecto, destreza técnica, capacidad intelectual y respeto al otro, en nuestra actividad diaria.
 
Esencialmente una gota de agua y un océano son iguales. La misma relación esencial la tenemos entre un individuo y el conjunto de todos los individuos; entre nuestra especie y el conjunto de todas las demás especies. El referente global es la vida y cada uno de nosotros somos una parte viva y en parte responsable de ese referente global con posibilidad de construir unidades de armonía vital en nuestras relaciones diarias con los demás seres vivos porque son partes de nuestro referente global…


 

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