FORMA Y ARMONÍA VITAL

ESPACIO ÉTICO PLÁSTICO ABIERTO AL JUEGO DE RELACIONAR PALABRAS, FORMAS, Y COLORES AL RITMO ÍNTIMO DEL UNIVERSO...


11/5/20

LA GUARIA DE SANTISTEBAN 2020


FRANCISCO VICENT GALDÓN
(Crítico de Arte, Miembro de la Asociación Nacional e Internacional de Críticos de Arte y Redactor de Cultura/VV. Medios Comunicación)

JOSÉ CÓRDOBA,
DE LA FIGURACIÓN REALISTA A LA ABSTRACCIÓN FIGURATIVA Y GEOMÉTRICO-ESPACIAL  




Mencionar a José Córdoba Chaparro es aludir a uno de nuestros más ilustres paisanos. Es significar a uno de nuestros más reconocidos exponentes que ha aportado Santisteban del Puerto al arte, a la plástica actual nacional e incluso a la internacional. Y digo bien ya que su creación pictórica y escultórica están representadas en museos e instituciones españolas y su eco y labor plástica ha traspasado las fronteras de nuestro país. Hoy son varios los coleccionistas privados y las colecciones que en países como Francia, Suiza, Australia y Alemania cuentan con numerosas presencias de su obra. Córdoba, si analizamos su creación, vemos que se expresa en un lenguaje plástico-expresivo muy personal que, partiendo de una etapa realista y figurativa inicial, evoluciona hacia una peculiar abstracción en la que seguirán llegándonos resonancias figurativas esquemáticas que progresiva­mente irán evolucionando hacia expresiones o manifestaciones visuales geomé­trico-espaciales. La sinceridad y autenticidad que se desprende y contiene todo aquello que hace y plasma sobre el soporte de sus cuadros o que expresa a través de los volúmenes de sus esculturas nos muestran a un creador honesto consigo mismo, que ha sido consecuente en su trabajo y fiel siempre a su lenguaje y estilo a lo largo de toda su trayectoria. Nuestro artista, a pesar de llevar muchos años fuera de nuestra tierra, en Vinaroz ancló el barco de su vida e instaló su estudio. Desde su nuevo asentamiento levantino de acogida, no olvida y lleva con nostalgia a Santisteban en el corazón. Desde allí, mirando al pasado, rememora sus años santistebeños. Así me lo ha hecho sentir en nuestra extensa y grata conversación.





ORÍGENES SANTISTEBEÑOS
Sus antecedentes genealógicos santistebe­ños los hallamos, según me ha transmitido el propio José Córdoba, a través de distintas ge­neraciones partiendo de sus abuelos paternos: Juan Matías Córdoba y Peláez que fue veteri­nario en Santisteban y su esposa Gertrudis Hi­gueras Cátedra. De ellos nacieron diez hijos: Asunción, Rosario, Amparo, Deogracias y Pepa y cinco varones: Juan Matías, Félix, Leopoldo, Joaquín y José. De los varones, los cuatro pri­meros realizaron estudios medios y universi­tarios. El último, llamado José, fue el padre de nuestro pintor y escultor, quien al no gustarle los estudios trabajó como ayudante de su padre, el veterinario Juan Matías Córdoba. De José, fa­llecido a los 45 años, y de su matrimonio con Dorotea Chaparro Santos nacieron doce hijos. El último fue nuestro artista, José Córdoba Cha­parro, nacido en Santisteban del Puerto el día 26 de enero de 1941. Pronto despertaría en él la atracción por el arte. En su infancia, vivida en nuestro pueblo, a los cinco años ya dibujaba y pintaba sobre los muros de su casa. También de la estrecha relación habida con su padre, de su complicidad comenzaron a surgir figuras fantásticas elaboradas con el papel de las hojas de calendarios. Fueron, sin duda, las primeras manifestaciones que José Córdoba exteriorizó en nuestro pueblo como consecuencia de su interés por todo lo artístico. Como él mismo me ha notificado, su especial relación paternal le sirvió de estímulo en la creación. Le indujo y orientó en la senda de la fantasía e imaginación suficientes para caminar con la ilusión de ver y de construir la realidad. En textos y palabras de Córdoba, surgidos y expresados con motivo de obtener el Premio Segorbe a la obra titulada “Mi tierra”, decía: <<Esta obra supone el dar­me cuenta que ilusión y realidad configuran esa unidad de visión que nos hace humanos y nos permite sentir que el cielo empieza en la epider­mis de esta tierra de la cual somos una partícula que late al ritmo íntimo del universo>>. Quizá con esta obra, de sugerente título, se propuso hacer un guiño a Santisteban, la tierra que lo vio nacer y que le aportó sus primeras luces y cro­mática, sus primeras visiones texturadas y te­rrosas. En definitiva, allí surgieron sus primeras iniciativas, sus primeros sueños, su vocación y estímulos al arte.


                  C4-11 Tierra, Piel, Sangre, Fósil: !Rostro Ibérico¡

PRIMEROS PASOS FORMATIVOS Y ARTÍSTICOS
Volviendo la mirada a sus primeros pasos santistebeños, ya encauzados en la senda del arte, José Córdoba, en su adolescencia, comen­zó a trabajar en el taller que el pintor local Juan Manuel Soriano tenía en el entorno de la calle La flor, bajando al santistebeño y popular ca­llejón de “Levita”. Con Soriano, como ayudan­te, se inició en la práctica pictórica. Con él se adentró y familiarizó tanto con los materiales y herramientas como con las técnicas al temple, al fresco, óleos y dorados, etc. Con su enton­ces maestro pintó en nuestro pueblo imágenes y muros de la iglesia de San Esteban y de otras localidades de su entorno. En Santisteban dio a conocer públicamente sus primeras obras en exposiciones colectivas realizadas junto a otros pintores locales como el ya referido Juan Ma­nuel Soriano, Eugenio Sánchez y M. Atienza. Obras expuestas en los salones de la sociedad cultural “Peña Ilugo”, sita en la plaza Mayor de Santisteban del Puerto.
Años después, tras su primer viaje a Madrid donde visitó los museos del Prado y de Arte Contemporáneo, pudo allí percibir y valo­rar los nexos de unión que hay entre el arte del pasado y el arte actual. Entre uno y otro, lle­gó a la conclusión de que más que ruptura hay partiendo del del pasado, evolución al actual. Así lo supo entonces percibir Córdoba y así se nos muestra y manifiesta a través de los tiem­pos. Este viaje de Santisteban a Madrid fue de­cisivo para el futuro de nuestro artista. Primero ingresó con una beca en la madrileña Escuela de Cerámica de la Moncloa y posteriormente en Bellas Artes. Estudios que, dependiendo de su actividad laboral, cursó unos años en la escuela de Madrid y otros en Barcelona. Tras culminar su etapa formativa, a ésta siguió una intensa y prolongada etapa docente, alternada o compar­tida con una también amplia y prolífica activi­dad creativa. Al final el barco de su vida arribó y halló puerto seguro en tierras levantinas, en Vinaroz. Allí tiene su estudio y como todos los que nos encontramos lejos de nuestro querido Santisteban, nunca ha olvidado su cuna. Lleva a nuestro pueblo en su corazón. Así lo he per­cibido en la grata y amigable conversación que mantuve recientemente con él.

REFLEXIONES DE JOSÉ CÓRDOBA SOBRE SU CREACIÓN
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Dice el artista respecto a su manera o méto­do ético y creativo lo siguiente: <<Yo no pinto lo que veo, más bien “veo” gracias a que pinto. Pintar es para mí, una práctica que actualiza mi ilusión de ver. Es un modo subjetivo y ético de acercarme a los distintos aspectos que configu­ran esto que ocurre dentro y fuera de mí y que yo llamo realidad, no para reproducir su apa­riencia, o transformarla en algo diferente, sino para sentir su funcionamiento, deducir algún significado y ver las posibilidades de armonía vital en cualquier relación de tensión y desequi­librio.
Mi trabajo diario exige un constante avanzar y retroceder entre lo que observo en la naturaleza y lo que ocurre en la relación social. La acción de pintar implica: “traducir”, hacer visible, darme cuenta, construir y por lo tanto “ver el milagro de la vida”; el efecto de armonía, o contraste que se produce en el encuentro de la información que captan mis sentidos y la que es capaz de registrar mi mente. Las ideas y las sen­saciones no están separadas entre sí, ni perma­necen ocultas; más bien son estructuras libres y entrelazadas en la naturaleza “interior-exte­rior”. Pintar es en sí, un acto de interrelación donde la mente y los sentidos se encuentran y configuran ilusión de realidad.
En esta íntima aventura de construir y ver plásticamente, encuentro que la imagen for­mal de esta ilusión de realidad es una síntesis o abstracción de figuraciones donde se mani­fiesta la energía vital; y la representación más real de la forma viva, es una figuración abierta y libre, cuya estructura cambia en la relación dentro-fuera modificando aspecto y significado desde que surge hasta que desaparece.
Mi obra es el soporte donde despejo el error y se produce el encuentro. Donde la na­turaleza, la dicha y el conflicto del yo y el tú, se funde en la unidad espacio-tiempo. El re­sultado son resonancias plásticas; imágenes de secuencias vitales construidas con el lenguaje universal de las formas, cuyos ritmos, texturas y colores testifican y registran mi sorpresa diaria de existir>>. He aquí las reflexiones y conclu­siones a las que José Córdoba llega respecto a su obra y que nos expone sobre la metodología que sigue en cuanto al proceso conceptual, éti­co y creativo que da lugar al resultado final y contenido de su creación.



TÉCNICAS Y MATERIALES UTILIZADOS EN EL PROCESO DE SU OBRA
Revisando la pintura o creación pictórica y dibujística de José Córdoba, aunque entiendo que en su extensa trayectoria como pintor ha utilizado todos los medios cromáticos de que dispone el mundo del arte (colores al óleo y acrílico, acuarela, témpera, etc.), a grandes ras­gos vemos que opta por utilizar como recursos materiales los métodos naturales y tradicionales pictóricos. Emplea como base o fuente de sus cromatismos los pigmentos que la sabia natu­raleza ha puesto en manos del hombre. Es de­cir, recurre para elaborar sus cuadros y murales a colorantes naturales provenientes de tierras, minerales y plantas. Estos pigmentos en forma de polvo se adhieren sobre el soporte de la obra con el empleo o uso de aglutinantes. Para los profanos en técnicas artísticas diremos que, al margen de los aglutinantes industriales, el hue­vo como aglutinante natural de los colores sur­gidos de pigmentos es muy utilizado para rea­lizar pinturas al temple sobre bases de madera, yeso, escayola, etc. Los pigmentos naturales, viendo la amplia gama tonal o cromática que percibimos en la creación de Córdoba, son para el artista santistebeño una abundante y excep­cional fuente de recursos para lograr la riqueza de cromatismos que su obra nos muestra. Pin­turas resultantes de pigmentos y aglutinantes, ya sean sobre cuadros con soportes de made­ra, como murales o en relieves policromados, o también resueltos en técnicas mixtas.
En cuanto a su escultura, de contras­tados volúmenes, espacial, abstracta, fantástica y etérea, para elaborarla recurre a materiales diversos: madera, metal, escayola o yeso, ce­mento, resinas, etc. Piezas resultantes de un meditado, de un estudiado y minucioso proce­so de modelado, elaboradas ya sea con produc­tos como la escayola, la arcilla o las resinas que permiten obtener acabados en piedra, metal u otros materiales de gran interés y durabilidad.




TEMÁTICA, SERIES Y TÍTULOS DE SU CREACIÓN


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Lejos quedan ya aquellos paisajes y retratos figurativo-realistas surgidos hasta comienzos de los años 70, fruto de su etapa inicial forma­tiva y de sus primeros escarceos o tentativas en su andadura creativa y expositiva. Incursio­nes que en el mundo del arte, con el paso del tiempo, irían definiendo, madurando y conso­lidando tanto su personalidad estética posterior y marcado lenguaje plástico-expresivo, como el perfeccionamiento de las técnicas y de los materiales empleados, así como los postulados de los que se ha venido sirviendo, de los conte­nidos y temática en los que se ha basado para elaborar toda su creación durante su etapa de madurez.


Córdoba dentro de la propia evolución de su obra se aferra a ser consecuente consigo mismo incidiendo en las concepciones lírico-es­paciales y en la insinuación de unas estructuras de repetición obtenidas, siempre evolutivas. Por supuesto, sin abandonar sus principales carac­terísticas, mediante la integración dinámica de formas: círculos, triángulos, rectángulos, cua­drados… Las claves del secreto de toda esta ex­periencia plástica, a la vez abstracta, figurativa, simbólica y expresiva, nos las dan los títulos de sus series o conjuntos de obras reunidas bajo las denominaciones de “Forma y vitalidad”, “Forma y transparencia”, “Forma y signifi­cado”, “Experiencia vital”, “Forma… unidad vital”, “Evolución de las formas”, “Ilusión y realidad”, “Forma y percepción” y “Secuencia de unidad”. Series cuyas obras se hallan con­cebidas bajo unos mismos postulados y patro­nes. Obras que, reunidas en cada serie, en su contemplación presentan vínculos entre sí. De ahí el acierto de Córdoba al agruparlas en di­chas series, aunque cada pieza ha sido dotada de manera unitaria con un título por su autor. Si echamos una mirada a sus series vemos que en “Forma y significado” hay pinturas con títulos como: Justicia, Solidaridad, Amor, Humanidad, Libertad, Aceptación, etc.; en “Forma y trans­parencia” encontramos obras como: Entrada abierta a lo conocido, a la inmensidad, a la uni­dad o Dentro del espacio y el tiempo; en “Expe­riencia y forma vital” hallamos Vida y cosmos, Lucha interior, Energía vital, Organización or­gánica, Orígenes (Museo de Villafamés, Cas­tellón), Profundidad y elevación (Fundación Caixa Vinaróz), Tierra, piel, fósil y rostro ibé­rico (en el Museo Diputación de Jaén) y Des­pertar (en el Museo Jacinto Higueras de San­tisteban). Todas composiciones muy matéricas, muy texturadas entre las que resultan contras­tados y cromáticos volúmenes evolucionados a la abstracción; en la serie “Evolución de las formas”, utilizando la forma directa e indirecta, persigue crear nuevas imágenes haciendo girar o evolucionar unas formas sobre otras y en tor­no a unas de otras ya representadas en la com­posición, ya sea por superposición, oposición, etc.; en la serie “Ilusión y realidad”, da rienda suelta a su imaginación y sueños infantiles. Sus obras contienen referencias y reminiscencias de sus ilusiones de la infancia; en “Forma y per­cepción” hallamos títulos como: Percibir, Di­ferir, Totalidad/Parte, Unidad vital, etc. Obras en las que predominan las tonalidades azules y blancas y que llevan títulos relacionados con el desarrollo de la percepción; finalmente, en la serie “Secuencia de unidad” vemos que inter­viene el juego del tiempo. De ahí los títulos de Pasado, Presente y Futuro.


De igual manera, entre su destaca­da producción creativa muralista no podemos ignorar la belleza y magnitud que presentan y poseen sus murales reunidos bajo el título de “Muros para meditar” que decoran las iglesias de San Cristóbal de Alcocebre y del Santo Cristo de Vall d´Uixó, ambas en Castellón. En cuanto a esculturas, también son destacables aquellas en gran formato que Córdoba realizó bajo la deno­minación de “Esculturas para crecer” destina­das a los grupos escolares del Marqués de Beni­carló y de San Sebastián de Vinaroz, además de aquella otra gran composición en blanco, de as­pecto óseo y zoomorfo de Els Xiquets. A estas creaciones últimas de concepción escultórica se suman sus proyectos o maquetas reunidas en el conjunto que titula “Esculturas para habitar”, elaboradas a modo de esculturas-casas.


También vemos sus esculturas de for­mas cóncavas y convexas, de trazas aladas y aconchadas unidas entre sí que en su contem­plación originan como resultado auténticos ejercicios espaciales y evolutivos de las formas. Con esto último Córdoba consigue plasmar el movimiento en sus composiciones. Sean estas geométricas o asimétricas se presentan con for­mas interrelacionadas originando apariencias de todas sus variantes: de toque, superposi­ción, intersección, penetración, sustracción, unión y coincidencia.

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Esculturas para crecer en la escuela infantil C.E.I. ELS XIQUETS 


ANÁLISIS, CONCEPTO Y LENGUAJE ESTÉTICO-ESTILÍSTICO





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El trabajo artístico de Córdoba, según se percibe, está marcado por la imperiosa ne­cesidad de buscar el principio u origen de la creación, el incesante indagar o ahondar en el manantial profundo de la imaginación y en el deseo vehemente de transformar la materia di­bujando o modelando las formas mediante la expresión pictórica y escultórica hasta dar un sentido y contenido poéticos a lo creado, no exento de realidad. José Córdoba es un artista que trabaja y analiza, que investiga y experi­menta. Si observamos el proceso de su obra, ha ido decantando su expresión y sustantivando los caracteres morales de su trabajo creativo. Hay en ella una constante evolución, una bús­queda que hace de cada momento un avatar im­previsible. Su pintura se nos manifiesta vivaz y dramática en formas, enigmática en contenidos y galáctica en lo espacial. En esa evolución que aludía anteriormente desde la figuración a la abstracción, advertimos la presencia progresi­va de una signografía abstracta y vemos que su alegorismo tiene muchos vínculos con los gru­pos o escuelas abstracto-geométricas europeas.
Su obra es profusa en iconografía. Abundan las formas circulares, triangulares, esteladas y los volúmenes etéreos que, por se­parado o en su reunión, aportan movimiento a sus creaciones, produciendo en ellas una apa­riencia geométrico-espacial. En estos trabajos surgen esos universos o cosmos imaginados de que hablábamos. Son formas geométricas que, levitando en sus espaciales composiciones, desde el caos a modo de cuerpos celestes, gi­ran como queriendo lograr desde su aparente desorden un orden que sin duda acaban consi­guiendo sobre sus soportes. De igual manera, los cuatro elementos de la naturaleza en los que la energía se expresa: tierra, agua, fuego y aire están representados en su creación pictórica. Aunque en el universo todo es energía, estos cuatro elementos describen el amplio espectro de las manifestaciones que nos brinda nuestro planeta Tierra. Entre todos estos temas o asun­tos en los que recrea su creación, el hombre y su circunstancia, como habitante, no puede faltar y como tal tiene cabida y halla presencia en la obra de Córdoba. Al igual que los insec­tos y las aves como seres que pueblan nuestro planeta, también ellos han merecido su interés como motivos iconográficos. Tanto en su pin­tura como en su escultura plasma imágenes de figuras o seres zoomorfos y antropomorfos. So­bre todo en sus esculturas blancas de grandes formatos y de apariencia ósea.
Sabemos que para Córdoba toda ex­presión es una abstracción de la vida. Él con su obra no pretende reproducir o hacernos ver nada conocido. Con su peculiar realidad inten­ta sugerirnos nuevas dimensiones. Se muestra interesado en traducir mediante formas lo que percibe de su entorno, de la naturaleza. La luz y el color son esenciales en su creación. Depen­diendo de la composición su luz se presenta equilibrada. Hay planos que requieren cierta vigorosidad lumínica mientras que otros la pre­cisan débil. Como digo, nuestro artista logra el equilibrio en la luz y también en la cromática. El color en sus obras se nos muestra compen­sado. También en su creación hay precisión en el trazo y delicadeza de matices en el color que los armoniza. Los contrastes tonales y la fuerza que se desprende de las texturas y rugosidades en sus planos matéricos resultantes son una constante del proceso vivo de su pintura.
Todo su interés está orientado a esta­blecer los cauces de búsqueda y la exigencia o los imperativos de expresión figurativo-abstrac­ta. Siempre, como él bien dice, imponiéndose como constantes de su obra: “unidad, belleza y armonía”. Lograr conjugarlas en ella y conse­guir dotarla de estas tres cualidades. Así, en su larga trayectoria artística, uno de sus importan­tes retos ha sido conseguir, lograr, ser auténtico, sincero y honesto en su arte. Su atracción por el arte de otros, según nos da a conocer, abarca desde Velázquez, Zurbarán y Rembrandt a Cé­zanne pasando por Gris y Picasso. Todos ellos le han servido de referentes para su pintura, para consolidar su definición estilística. Logra en su arte, como ya he referido anteriormente, una perfecta integración y conjunción del ele­mento o forma figurativa con el abstracto que mediante la imagen origina un juego de lo real con lo irreal dando lugar a un nuevo repertorio de posibilidades estéticas.
Desde los primeros planos hasta el fon­do u horizonte de cada composición, se perfilan los aspectos de una plástica en la que a través de la intensidad de las formas (triangulares, rec­tangulares, etc.) se visualiza una expresión que aspira a indicar lo enigmático de sus “univer­sos”, de sus “cosmos”. En definitiva, a modo de simbología lo que Córdoba parece querer plas­mar son sus visiones enigmáticas del cielo y de la tierra y de todo aquello que desde su peculiar manera de ver nos circunda. Visiones que que­dan constatadas por la presencia de representa­ciones de formas figurativo-geométricas que en suspensión o levitando originan esos universos o cosmos fantásticos que son parte legítima o testimonial de su creación. Producción pictóri­ca y escultórica, intensa en cualidades y detalles y extensa en número de obras, la de José Cór­doba que, por su bien hacer, por sus calidades plásticas y matéricas, avalan y justifican toda una vida entregada al arte. Al buen arte, al arte con mayúsculas. De ahí que Santisteban y los santistebeños nos debamos sentir orgullosos de tenerlo y de sentirlo entre nosotros.

































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































































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